Blog creado por los alumnos y alumnas del Colegio Público Nuestra Señora del Rosario de Alcubillas.
miércoles, 2 de febrero de 2011
MITOLOGIA GRIEGA´: ATENEA
MITO DE LA OSA MENOR Y LA OSA MAYOR

Para la mitología griega se cuenta que Zeus, dios del Olimpio, se enamoró perdidamente de una ninfa cazadora de los bosques de Arcadia, que se llamaba Calisto. Seducido. Zeus la hizo su amante, pero Hera, su esposa, no pudo resistir la afrenta y, celosa de su rival la convirtió en osa. Así quedó Calisto, presa de un cuerpo que era la de una osa , cuando un buen día se topó con Arkas, que era hijo suyo y de Zeus, pero éste, no reconociéndola en forma osa, armó su arcoy se presentó para dispararle una flecha. Rápido, Zeus, apareció antes él y le explicó quien era en realidad la osa. A pesar de convencerlo, Zeus no quedó tranquilo, pues aquello podría repetirse. Decidido Zeus cogió a su amada Calisto en forma de oso por el rabo y la lanzó hacia el cielo. Pero no contento transformó también a Arkas en oso y cogiéndolo por la cola, también lo lanzó junto a su madre. Sin embargo, el celo y el rencor de Hera volvió a aparecer y no contenta con que cada día Zeus pudiera ver a su amada Calisto en el cielo, ordenó a su hermano Poseidón que intercediera para evitar que jamás Arkas y su madre Calisto pudieran acercarse al mar. Y desde entonces eso se cumplió, pues ninguna de las dos constelaciones puede ocultarse y permanencen siempre visibles.
mito español

El mito de El Cid no se construyó a partir de esta fuentes histórica sino a partir de leyenda sobre sus hazañas, que pasaron de boca en boca hasta decirse en un relato en verso conocido como el Poema o Cantar de Mio Cid (h. 1140/1207). [2] El Poema no tenia datos especificos sobre la autoría, fecha, y estructura de la composición, y a diferencia de las fuentes históricas mostraba una clara intención por parte del autor de ensalzar el origen castellano y el fervor religioso del protagonista. Ante la escasa calidad literaria que emanaba del documento, eruditos del siglo XVIII como Tomás Antonio Sánchez no pudieron concederle alto valor literario, y es por eso que después de siete siglos de la muerte de Rodrigo Díaz, su historia todavía permanecía silenciada.
Un factor de importancia en el cambio de actitud hacia la publicación de la historia de El Cid pudo tener que ver con el regreso a Europa, justo después del siglo XVIII, de muchos viajeros y misioneros que traían abundante documentación sobre mitos, leyendas y relatos folklóricos de pueblos remotos. Este nuevo bagaje de datos, junto a los ya existentes de la época medieval, acució la imaginación de los investigadores que vislumbraron en todo ello un significado más profundo que simples fantasías (Peñuelas 1965: 29). Así, en 1840 el escritor Joaquín Rubió y Ors publicó una reedición del Poema, animando a una lectura alternativa (e incluso nacionalista) de los versos cidianos:
Considérese al Poema del Cid, como lo hemos considerado nosotros, como un antiguo y glorioso epitafio escrito sobre las góticas sepulturas de los que pasaron la vida batallando al pie de la cruz y del pendón de la patria. (ctdo. en Banús 2000: 24)
Fue a partir de entonces que el relato novelado comenzó a tomar cariz más histórico, convirtiendo a su principal personaje en un símbolo de nacionalismo cristiano con el que individuos a uno y otro lado del Atlántico han querido identificarse.
